
Por David Monzón, Matías Perez y Jorge Arbas.
Durante el transcurso del año 2008 los medios de comunicación hicieron un reiterado hincapié en situaciones de violencia que se presentaron en distintos colegios de nuestro país. En un diario apareció una carta de lectores haciendo un análisis del tema, y nosotros después haremos un comentario del mismo.
Violencia
Hace algunas semanas “estalló”, según los medios, una ola de “violencia escolar”, como ellos la definen en sus placas rojas, en sus informes llenos de música macabra que parecen tener un solo objetivo: el miedo. La sola definición “violencia escolar” resulta insostenible. La escuela, por suerte, no es una isla, las escuelas están (o deberían estar) en contacto con su contexto socioeconómico y los pibes, “los violentos pibes”, no son más que un reflejo de este sistema violento y opresor; y dentro y fuera de la escuela son la misma persona. La violencia es de este sistema, no de la escuela, no de los pibes. Cantidad de informes se realizan acerca del tema por estos días, en una ola de hipocresía inaguantable y de violencia hacia toda una generación, que no es ni más ni menos que el producto de esos mismos medios que ahora parecen “indignarse por la violencia”, esos que nos muestran “la última moda”, esa que nosotros, el 80 por ciento de los jóvenes argentinos, nunca llegamos a tener, esos medios que nos muestran cómo el “tener” te hace “ser”, que reproducen una y otra vez, hasta el infinito, la cultura del “tanto tenés, tanto vales”. A esos mismos jóvenes yo los (nos) veo una y otra vez luchando por lo que nos corresponde, llenos de rabia, es cierto, por un sistema que excluye y oprime, por una sociedad que nos da la espalda y nos cierra las puertas, que nos desestima, que nos mata, ya sea por el hambre o por la represión, que nos prohíbe a la gran mayoría acceder a los conocimientos y a los que llegamos nos educan en un sistema diezmado por las políticas neoliberales, con docentes que sufren la misma opresión que nosotros. Somos nosotros los jóvenes los que nos comemos los palazos, los que escuchamos una y otra vez que no tenemos experiencia para un trabajo, a los que nos dicen los patovicas que así vestidos no pasamos, los que vemos en la tele eso que nunca vamos a tener. Es terrible, es nefasto. La hipocresía no tiene límites para estos tipos fabricantes de violencia en cada segundo de su programación, que se amparan en “la libertad de prensa” para mostrar y decir lo que quieren sin un poco de conciencia sobre lo que eso provoca.
Facundo Villalba
DNI 33.912.457
Nosostros coicidimos sobre la responsabilidad de la televisión debido a la gran cantidad de menores de 11 y 12 años que miran programas con un contenido violento. Por ejemplo: 100% lucha, Lucha libre, Policías en acción, etc...Y los menores suelen copiar lo que ven.
También opinamos que a la violencia se llega por el comportamiento de los padres hacia los jóvenes, también en la "mala junta", por problemas familiares: por ejemplo muertes, separación de los padres. También por falta de dinero, y a veces porque los padres le dan tanta libertad a los chicos, que éstos hacen lo que les digan para unirse a un grupo, y los padres no les explican las consecuencias de sus hechos.
Durante el transcurso del año 2008 los medios de comunicación hicieron un reiterado hincapié en situaciones de violencia que se presentaron en distintos colegios de nuestro país. En un diario apareció una carta de lectores haciendo un análisis del tema, y nosotros después haremos un comentario del mismo.
Violencia
Hace algunas semanas “estalló”, según los medios, una ola de “violencia escolar”, como ellos la definen en sus placas rojas, en sus informes llenos de música macabra que parecen tener un solo objetivo: el miedo. La sola definición “violencia escolar” resulta insostenible. La escuela, por suerte, no es una isla, las escuelas están (o deberían estar) en contacto con su contexto socioeconómico y los pibes, “los violentos pibes”, no son más que un reflejo de este sistema violento y opresor; y dentro y fuera de la escuela son la misma persona. La violencia es de este sistema, no de la escuela, no de los pibes. Cantidad de informes se realizan acerca del tema por estos días, en una ola de hipocresía inaguantable y de violencia hacia toda una generación, que no es ni más ni menos que el producto de esos mismos medios que ahora parecen “indignarse por la violencia”, esos que nos muestran “la última moda”, esa que nosotros, el 80 por ciento de los jóvenes argentinos, nunca llegamos a tener, esos medios que nos muestran cómo el “tener” te hace “ser”, que reproducen una y otra vez, hasta el infinito, la cultura del “tanto tenés, tanto vales”. A esos mismos jóvenes yo los (nos) veo una y otra vez luchando por lo que nos corresponde, llenos de rabia, es cierto, por un sistema que excluye y oprime, por una sociedad que nos da la espalda y nos cierra las puertas, que nos desestima, que nos mata, ya sea por el hambre o por la represión, que nos prohíbe a la gran mayoría acceder a los conocimientos y a los que llegamos nos educan en un sistema diezmado por las políticas neoliberales, con docentes que sufren la misma opresión que nosotros. Somos nosotros los jóvenes los que nos comemos los palazos, los que escuchamos una y otra vez que no tenemos experiencia para un trabajo, a los que nos dicen los patovicas que así vestidos no pasamos, los que vemos en la tele eso que nunca vamos a tener. Es terrible, es nefasto. La hipocresía no tiene límites para estos tipos fabricantes de violencia en cada segundo de su programación, que se amparan en “la libertad de prensa” para mostrar y decir lo que quieren sin un poco de conciencia sobre lo que eso provoca.
Facundo Villalba
DNI 33.912.457
Nosostros coicidimos sobre la responsabilidad de la televisión debido a la gran cantidad de menores de 11 y 12 años que miran programas con un contenido violento. Por ejemplo: 100% lucha, Lucha libre, Policías en acción, etc...Y los menores suelen copiar lo que ven.
También opinamos que a la violencia se llega por el comportamiento de los padres hacia los jóvenes, también en la "mala junta", por problemas familiares: por ejemplo muertes, separación de los padres. También por falta de dinero, y a veces porque los padres le dan tanta libertad a los chicos, que éstos hacen lo que les digan para unirse a un grupo, y los padres no les explican las consecuencias de sus hechos.





